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Trece Años en la Corte Rusa por Pierre Gilliard

Noté que Alexei Nicholaevich hacía un gran esfuerzo para controlar su naturaleza impulsiva e inquieta, la cual le había causado serios accidentes, y me preguntaba si debería tener en su enfermedad, terrible como era, un aliado que gradualmente forzaría al chico ha convertirse en su propio maestro y tal vez refine su carácter.

Siempre me sorprendía grandemente que la naturaleza simple que Alexei Nicholaevich tenía hasta ahora, se debía en gran parte a que se resistía a la atracción del halago extravagante que recibía.



Thirteen Years at the Russian Court by Pierre Gilliard

(Comentario de Gilliard en Mogilev cuando trataba de introducir Alexei a lugares comunes)

La policía del palacio se alarmó más ante estas excursiones, las cuales nos llevó más allá del área protegida, especialmente cuando nuestra ruta no era conocida con anticipación.  Se me pidió que observara las reglas, pero las deseché, y nuestros paseos continuaron como antes.  La policía entonces cambió su procedimiento, y cuando sea que salíamos del parque teníamos la certeza de ver un carro aparecer y seguir nuestros rastros.  Una de las cosas que más disfrutaba Alexei Nicholaevich era hacerlos perder la pista, y de vez en cuando lo lográbamos.

(Nota de Gilliard sobre la reacción de Alexei al acompañar a su padre al frente)

Un soldado, quien había sido vendado y puesto de vuelta en cama, contemplaba fijamente al Tsar, y cuando el Tsar acercó, el soldado levantó su única mano sana para tocar la ropa del soberano y así convencerse que el Tsar estaba frente a él y no un fantasma.  Detrás del Tsar permanecía Alexei Nicholaevich, quien se sentía profundamente conmovido por los quejidos que escuchaba y el sufrimiento que se sentía alrededor.

The Emperor Nicholas II, As I Knew Him, by Major-General, Sir John Hanbury Williams

10 de julio de 1916
El Tsarevich ha llegado y en gran espíritu.  Nos arrastró a algunos de nosotros, después del almuerzo en la carpa, a una fuente redonda en el jardín, la cual tenía cabezas de delfines alrededor, con dos huecos en cada uno representando los ojos.  El juego era insertar nuestros dedos en estos huecos, luego abrir el agua de la pileta completamente y de pronto sacarlos.  El resultado fue que casi ahogo al Emperador y su hijo, y ellos me devolvieron el favor, y todos tuvimos que regresar para cambiarnos, riendo hasta casi llorar, sin duda un entretenimiento pueril, pero igual nos hizo bien.

Nicholas Escribió en una Carta a su Madre

En viaje a Bialowieza y Spala en septiembre de 1912, el tren imperial se detuvo en Smolensk donde pasaron el día con los nobles del lugar. En la noche Nicholas escribió en una carta a su madre: “Alexei tomó de una mesa una copa de champagne y se la tomó sin que nadie se diera cuenta, después del cual se puso muy alegre y empezó a entretener a las damas ante nuestra gran sorpresa.  Cuando regresamos al tren, él continuó contándonos sus conversaciones en la fiesta y también que escuchó su barriga crugir”

Olga (Hermana de Alexandra) - Memorias - 1908

Cuando lo vi (Rasputin) sentí que gentileza y cariño radiaba de él.  Los niños parecían simpatizar con él.  Se mostraban completamente tranquilos con él.  Aun recuerdo sus risas cuando el pequeño Alexei, decidiendo ser una liebre, saltaba por el cuarto.  Y entonces, casi de pronto, Rasputin le agarró de la mano y le llevó a su dormitorio, y las tres los seguimos. Hubo algo como un recogimiento como si nos encontráramos en la iglesia.  En el dormitorio de Alexei no se encendieron lámparas, la única luz provenía de las velas encendidas frente a unos hermosos íconos.  El chico permaneció muy quieto al lado de aquel gigante, quien tenía la cabeza baja.  Sabía que estaba rezando.  Era casi impresionante.  Sabía también que mi pequeño sobrino le acompañó en su rezo.  Realmente no puedo describirlo – Estaba entonces conciente de la sinceridad total de este hombre.BR>

KR – Diario – 26 noviembre 1908

Nuestros pequeños fueron invitados por té con los niños del Emperador.  Igor también fue.  La pequeña Anastasia estaba encantada con él, continuaba llamándole niñito lindo y le dio unas flores cuando se despidieron.  El Heredero, quien es un año más joven que Gerogy (hijo de KR), le abrazó y jugó contento con él, y al enterarse que Georgy quería ser un chofer cuando sea grande, le ofreció sus servicios como su asistente.  La niñas hicieron un lío por nuestra Vera y la cargaron en sus brazos.

Anna Vyrubova – Memorias – 1916

La Emperatriz nunca era feliz con la excepción de los poco minutos del día cuando leía las diarias cartas de su hijo.  A las nueve de la noche subía al cuarto exactamente como si él estuviera ahí y lo escuchara.

El Emperador Nicholas II, Como lo Conocí, por el Mayor-General, Sir John Hanbury Williams

El Tsarevich

Alexei Nicholaevich tenía como 11 años cuando lo vi por primera vez en 1915.

Esperaba, por las muchas historias que flotaban en referencia a él, encontrar a un niño muy delicado y no muy alegre.  Delicado ciertamente era, sufriendo como él mismo, de una enfermedad del que completa recuperación se decía era imposible, pero en los periodos que podríamos llamar de buena salud, él tenía todo el espíritu y las travesuras de cualquier niño ordinario de esa edad.

En nuestra primera presentación él estaba tan tímido como se esperaría de alguien arrojado en medio de una multitud de extraños en el Cuartel General, no sólo de su propia nacionalidad, sino de todos nosotros – los representantes Aliados.

Su timidez desapareció pronto, y gradualmente se convirtió casi en un niño travieso entre nosotros, como si algo pudiese malcriar a ese pequeño, atractivo y feliz como él mismo.

En nuestra primera reunión él seguía a su padre, el Emperador, alrededor del círculo que habíamos hecho en la recepción de la Casa de Gobierno en Mogilev, donde él residía, estrechando la mano de cada uno de nosotros.

Durante las cenas se sentaba junto al Emperador, frente a mí, que me sentaba por regla al costado del Conde Fredericks y quien estaba frente al Emperador.  Vestía uniforme kaki y altas botas rusas, y estaba muy orgulloso de ser soldado, tenía excelentes modales, y hablaba bien y claramente varios idiomas.

Con el tiempo y con su timidez inicial ida, nos trataba como viejos amigos y, al pasar deseándonos buen día, tenía algún pequeño juego con nosotros.  Conmigo era asegurarse que cada uno de los botones de mi saco estaban propiamente en su sitio, un hábito que naturalmente hizo asegurarme de tener uno o dos botones desabotonados, por el cual él inmediatamente se detenía para decirme que estaba ‘nuevamente desaliñado,’ daba un suspiro a mi falta de atención a estos detalles, y cuidadosamente me embotonaba nuevamente.

Estábamos acostumbrados a que nos invitara a entrar a una pequeña alcoba cerca al comedor mientras el resto estaba comiendo entremeses los cuales empiezan las cenas Rusas en una mesa aparte. En ese pequeño cuarto ocurría cada juego concebible, un ‘caos’ de hecho, finalizando la mayoría de las veces con un juego de fútbol con cualquier cosa que esté a la mano, el general Belga, a quien él trataba cariñosamente, y al que siempre llamaba ‘Papa de Riquel,’ era una persona poco estricta y daba grandes oportunidades para ser atacado.  El dedicado tutor casi se desesperaba, y generalmente el Emperador se veía obligado a intervenir, y que al mismo tiempo el pequeño se escondía cuidadosamente detrás de la cortina.

De pronto reaparecía con una chispa en los ojos y marchaba solemnemente para tomar su sitio en la mesa.

Ahí empezaría nuevamente con un ataque de pelotitas de pan a través de la mesa y un juego que él llamaba polo conmigo, con más pelotitas de pan se ponía en riesgo la china y los vasos Imperiales considerablemente.

Si, de alguna manera, tenía a un extraño sentado junto a él, lo trataba con la misma cortesía y gracia de su padre, conversando libremente y haciendo preguntas sensibles.  El momento, de cualquier manera, que nos transportábamos a la antesala los juegos empezaban nuevamente, y continuaba más rápido y furioso hasta que el Emperador o su tutor se lo llevaban cargado.

Nagorni era un gran marinero sirviente, muy dedicado, siempre atento y útil – un gran acompañante, alto, alegre y querido de su pequeño amo.  (Su figura es sin dudas muy conocida por las frecuentes fotos que han aparecido de él con el Tsarevich, y se ha reportado que fue asesinado con los otros al principio de 1918.  Él hubiera, estamos seguros, permanecido en su puesto y a cargo hasta el final.  Su cuerpo fue encontrado en el lugar de su ejecución dos meses después.)

En las tardes el Emperador acostumbraba a pasear a su hijo en bote o a jugar en la arena, donde él hacía pequeñas fortificaciones y se divertía como lo haría cualquier otro niño.

Siempre se le veía muy bien en uniforme y lucía especialmente inteligente en uniforme Cosaco.

En algunas ocasiones acompañaba al Emperador a ver a las tropas en el frente, donde era tan popular como lo era en todas partes.

Amaba mucho a los animales, siendo sus acompañantes principales un Spaniel y un gato gris grande, mostrados con él en una foto tomada en el Cuartel General.

A veces la enfermedad de la que sufría lo atacaba, y era una lástima ver como todo en el Cuartel General sentía por este niño jovial y feliz, quien parecía tan saludable en momentos ordinarios.

Dormía en el dormitorio de su padre en el Cuartel General, siempre le acompañaba a misa, volteando constantemente para ver si se encontraban sus amigos ‘Aliados’, y guiñando un ojo al vernos.

En la visita a las tropas el 15 de noviembre nos cuenta su tutor cómo el Emperador, al inspeccionar las tropas del General Chtcherbatchef, pidió a todos aquellos que hayan servido durante toda la guerra que levantaran la mano.  Entre los miles presentes unas cuantas manos fueron vistas, causando una gran impresión en el pequeño soldado parado al costado de su padre.


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